jueves 13 de octubre de 2011

Otra mirada a Hansel y Gretel


Érase una vez, hace mucho tiempo, una bruja muy singular. Vivía en medio del bosque en una casa. Pero no era una casa cualquiera, estaba hecha de chocolate y dulces. Lo cierto es que, en su juventud, Casilda, pues ese era su nombre, había disfrutado comiendo trocitos de puertas y ventanas. Desgraciadamente, hacía años que le habían diagnosticado diabetes así que la pobre mujer no podía alimentarse de los deliciosos dulces de su casa.

Las brujas, que tienen grandes conocimientos en pociones y remedios de todo tipo, saben muy bien que la diabetes se puede curar comiendo la carne de un niño bien cebado. Pero Casilda se resistía a comerse a un niño. Le parecía algo monstruoso. Por eso nunca salió en su escoba a cazar a ninguno.

Un día en que ella se encontraba especialmente mal, un niño y una niña llamaron a su puerta. Decían llamarse Hansel y Gretel y, por lo visto, habían sido abandonados por su padre en el bosque. La bruja se compadeció de ellos y les invitó a entrar y comer de su casita de chocolate.

Al poco tiempo, se arrepintió de haberlo hecho. Los niños resultaron ser unos auténticos maleducados. Gritaban, saltaban, rompían…

-Ahora entiendo que sus padres les hayan abandonado –se dijo-.

Casilda decidió darles una lección. Encerró a Hansel en el sótano hasta que pidiera perdón y puso a Gretel a limpiar todo lo que habían ensuciado. No obstante, la bruja estaba preocupada por el niño y le llevaba comida todo los días. Como en la penumbra del sótano no veía bien, le tocaba un dedo para ver si adelgazaba demasiado. Pasaron los días y Hansel parecía no engordar. Entonces la hechicera gritó que ya no podía esperar más y que lo iba a cocinar. Casilda se refería, obviamente, a preparar otro tipo de comida. Pero Gretel, que mientras limpiaba la habitación de la dueña había hallado el remedio brujeril para curar la diabetes, creyó que iba a cocinar a su hermano.

Ni corta ni perezosa, la niña empujó a la pobre Casilda al horno y la encerró allí. Los niños huyeron, no sin antes terminar de saquear la casa. Hansel y Gretel por fin encontraron el camino de regreso a casa y se reencontraron con su sorprendido padre.

Así acabó la triste historia de la bruja Casilda y comenzó la pesadilla (otra vez) del padre de Hansel y Gretel.

FIN